¿Cómo podemos trabajar con los problemas de conducta … de una forma que funcione?

Nº 1  Revista Problemas de conducta

Autor: Alberto Sánchez García


Spoiler y caso Nico

Me vais a permitir que para empezar a describir el método de trabajo que propongo en esta serie de artículos, empiece con un spoiler o tráiler de lo que será este viaje en el aprendizaje de métodos y estrategias de trabajo para el manejo de problemas de conducta, basado en gran parte en el trabajo del psicólogo sueco-danés Bo Hejlskov (método de contacto de baja afectividad), y en parte en mi propia experiencia salpicada de un tinte relacional (ver psicoterapia relacional). Creo que si empiezo con un spoiler o tráiler a muchos os dará tiempo a haceros una idea general sobre mi propuesta de trabajo, así podréis también daros cuenta de los beneficios y dificultades de trabajar desde esta orientación de trabajo. Para hacer este spoiler voy a utilizar un caso real en una escuela.

Caso Nico

Nico tiene 13 años y va a un colegio local de educación básica. Tiene un grado de autismo breve, TDAH, dificultades del aprendizaje y del lenguaje y pertenece a un grupo cultural minoritario. Él forma parte de un grupo de alumnos que tienen necesidades especiales y necesita mucho apoyo. Un día aparece corriendo en la sala que compartimos el personal de la escuela. A veces suele venir con nosotros porque se suele sentir seguro en esa zona de la escuela y allí se tranquiliza, también tiene una relación de confianza con algunas de las personas que nos encontramos allí a veces, y que formamos parte del equipo de salud. Para él es importante encontrar en la escuela personas que le pregunten qué tal está y que le escuchen.

Cuando aparece corriendo en la zona de profesores, enseguida aparece detrás de él una de sus profesoras, Teresa, que exige que se vaya al aula con ella. Ella sostiene dos objetos extraños en sus manos, un trapo y lo que parece ser una especie de escobilla. Teresa se pone a un metro y medio de Nico y se lanza hacia él e intenta agarrarle por los brazos. Nico está algo alterado, mira hacia su alrededor, en posición de huida, y su primera expresión emocional cuando Teresa se estira hacia él es de miedo y de asco, dado que Teresa intenta agarrarle con algo entre las manos que él interpreta como repulsivo. Cuando Teresa le agarra, su propia tensión genera más tensión en Nico, que intenta liberarse de la inmovilización. Nico se libera y sale corriendo por el pasillo. Allí hay un profesor que le sujeta, al que se suma una profesora y Teresa poco después. Contra más se esfuerzan en inmovilizar a Nico más se revuelve este. Al final tienen que soltarle para que no se produzca ningún accidente o lesión. Nico sigue por el pasillo e intenta dar la vuelta por el lado contrario, dado que esta parte de la escuela tiene una forma cuadriculada y se puede recorrer en los dos sentidos.

Lo primero que me sorprende de esta actuación cuando la veo es que las estrategias que utiliza Teresa son justamente las contrarias de las que se esperaría de una persona que en principio había estudiado el método de contacto de baja afectividad. Cuando veo que Nico va en dirección a donde estamos, pero por la parte contraria del pasillo, me dirijo allí para encontrármelo. Según se han desarrollado el curso de acontecimientos es difícil que Teresa pueda tranquilizar a Nico debido a que su relación está resentida y que la confianza de Nico en Teresa, justamente en ese momento, es baja.

Una nueva perspectiva

Seguimos con la situación con Nico. Me encuentro con él en la salita que tenemos de espera y se coloca de pie en una esquina, asustado, como un perro acorralado. Enseguida me sitúo a una distancia prudente de él, a unos dos metros para que no se ponga nervioso y para que se dé cuenta de que no quiero cogerle, me siento en el suelo e intento escuchar y reflejar lo que dice. Al mismo tiempo no dirijo mi mirada directamente hacia a él, sino que la dirijo algo de lado. Mientras me sitúo en esta posición, le escucho e intento reflejar lo que me dice en un tono de voz suave. Cuando Nico empieza a tranquilizarse hablamos sobre cómo puede volver a su clase. Él me dice que quiere salir de la escuela unos minutos y que cuando se sienta preparado, en unos diez minutos, volverá a la clase. Nos ponemos de acuerdo sobre dónde estará y se dirigirá cuando se sienta preparado. Al cabo de pocos minutos nos dirigimos juntos a la salida y Nico se sitúa a la vista en el patio del colegio. Allí está unos 10 minutos y después vuelve a su clase como si nada hubiera pasado.

En esta situación utilicé estrategias muy claras y cuyo propósito tenían que Nico recuperara el control, sintiera confianza en mí, se tranquilizara, encontráramos una salida y adaptar las exigencias a las capacidades y habilidades de Nico. Por supuesto, yo también estaba tranquilo para no contagiarle con mis afectos. Algunas de las estrategias que elegí en cuestión, y que se adaptaban a una situación de caos y de gran intensidad afectiva, fueron: relajar mis propios músculos, no tocar a Nico para no aumentar la intensidad afectiva, colocarme a una distancia prudencial, colocarme sentado para ponerme en una situación de no dominancia, no mirarle directamente a los ojos para no provocar una escalada de afectos, reflejar los sentimientos de Nico, no exigir por encima de sus capacidades y buscar soluciones (salir de una situación de gran estrés para recuperarse y volver a clase, es decir, la estructura).

¿Qué dificultades solemos tener en estas situaciones? ¿Qué le pasó a Teresa? Muchas veces sencillamente queremos ganar, pensamos que si el alumno no hace como nosotros queremos, como queremos y cuando queremos, entonces perderemos el control y el mismo alumno va a hacer lo que quiera en ocasiones posteriores, incluso quizás otros alumnos puedan intentar imitar la conducta de ese alumno. Es probable que Teresa no confiara en sus conocimientos y las estrategias que había aprendido, también que esas situaciones despertaran en Teresa sentimientos, conductas y patrones de conducta aprendidos, y que suelen coincidir con los métodos de crianza que han utilizado con nosotros. Muy a menudo, cuando no funcionan nuestras técnicas, solemos exigir más fuerte y alto e intensificamos nuestras técnicas, como pasó con Nico, si con una persona no sirve, pues lo intentamos con dos o con tres. Si no me oye se lo digo más alto. Es muy probable que con cinco personas hubiera sido posible inmovilizar a Nico, no obstante existe una alta probabilidad, como indican diferentes estudios, de que se produzcan lesiones, a veces muy graves e incluso la muerte. Además, no evitamos que la misma conducta se vaya a repetir de nuevo.

Sobre esto y mucho más trata nuestra propuesta para el manejo de problemas de conducta y el  contacto de baja afectividad. Existen muchas estrategias que pueden ser muy efectivas en nuestro trabajo e iremos desvelándolas poco a poco. ¿Te animas en este viaje?

Conclusiones

En muchas situaciones difíciles y ante problemas de conducta utilizamos técnicas y estrategias que hemos aprendido pero que no son eficaces en muchas situaciones. Esta ineficacia se debe en parte a que esas técnicas y estrategias tradicionales, como el castigo, las inmovilizaciones, las consecuencias, etc., no funcionan cuando se aplican a personas que muestran determinadas dificultades, dado que esas personas (que pueden ser niños, adolescentes o adultos, con diagnóstico o no) pueden tener dificultades para comprender lo que está pasando en la situación o contexto, predecir consecuencias, meterse en el lugar de otras personas, regular sus sentimientos, etc. Por eso que todos nuestros esfuerzos tengan que dirigirse a que la persona recobre el control sobre sí misma para así poder autogestionar su conducta y colaborar. Porque para que nosotros tengamos control sobre la situación, el niño o adolescente tiene que dejar parte de su autonomía y control en nosotros, y para hacerlo, tiene que tener un cierto control sobre sí mismo.

"Los niños que pueden comportarse lo hacen"... quizás esta expresión no sea verdadera o científica, pero sí es muy útil y nos ayudará a tener una actitud sosegada y de respeto hacia las personas que manifiestan problemas de conducta.