Fín de la aventura... ¿o cambio de planes?

Aquí no se acaba ninguna aventura, porque la vida es una gran aventura, pero escribo esta vez en mi blog de parabici2020, un blog que surgió con la idea de contar un viaje hacia unas posibles Paralimpiadas en Tokio 2020, para contar que he dado un giro a mi aventura por diferentes razones. Me ha extrañado que tanta gente me conociera tan poco al pensar que dejo mi aventura debido a la importante caída que tuve en los campeonatos de España de ciclismo adaptado de este año en Salamanca. Sí fue dura la caída, pero no para dejarme algún tipo de secuela que me impida seguir adelante, de hecho me siento ahora más fuerte. Porque esto pasa con los diferentes proyectos vitales, inconvenientes, problemas, adversidades, etc., que si no te matan o te dejan secuelas irreversibles, te hacen más fuerte. Porque el cuerpo tiene que luchar, rehacerse, curarse, recuperarse y fortalecerse en ese proceso. Tanto en lo físico como en lo psíquico, de ahí el concepto de resilencia y la personalidad resiliente, capaz de superar adversidades. Así que no, no lo dejo por la caída, aunque eso no quite que lo de las caídas y demás factores negativos asociados a la competición fuera algo que rondara por mi mente en todo momento.

Uno de los grandes motivos por los cuales dejo mi aventura es porque debo dedicarle más tiempo a mi proyecto profesional y a mi trabajo, si no mi familia y yo nos vamos a tener que volver a Suecia por donde hemos venido dado que no sé cómo vamos a pagar la casa que hemos comprado si sigo jugando a ser ciclista.

Sí es verdad que tenía grandes esperanzas en el campeonato de España y la caída se produjo cuando iba en una buena situación escapado con posiblemente dos de los mejores ciclistas de ciclismo adaptado de España, Pedro Sánchez (Quini) y Eduardo Santas. La caída se produjo cuando bajábamos por una calle a unos 50 km/h y al salir de una pequeña rotonda pillé un pequeño hoyo cuando cambiaba las manos de posición. ¡Pobres niños! Mis hijos y sobrina estaban con los ojos llorosos cuando salía de la ambulancia. La carrera la ganó Eduardo Santas dando un gran recital a todos los allí presentes... ¡Enhorabuena desde aquí!

Me apena dejar esto porque tenía ya puesto medio pie en el equipo sueco, estaba teniendo una gran progresión y tenía medio apalabrado un sponsor; por otro lado me alegra dejar el potenciómetro y entrenamientos tan exigentes para poder disfrutar de la bicicleta de otra manera más lúdica. Ahora puedo disfrutar más del paisaje y montar en bicicleta por sensaciones sin tener que mirar constantemente los vatios a los que voy. ¡Potenciómetro vendido!

Una de las primeras conclusiones de mi aventura fue vislumbrar que mis motivaciones y sentimientos no son los mismos que tenía cuando tenía la edad de mi accidente, 19 años. Para empezar muchos de las percepciones que he tenido no han resonado de la misma manera que lo hacían hace tiempo. Tampoco me he sentido completamente incluido, o no he querido incluirme, en el mundo del ciclismo adaptado. La verdad es que salgo, de momento, con un sabor agridulce. Motivarme para sufrir y para seguir adelante ha sido otro hándicap: antes competía para ser profesional (lo cual era mucho más barato al estar todos los gastos cubiertos y con el tiempo se podía vivir de ello), ahora compito... ¿para qué? Mis objetivos eran variados y he cumplido muchos de ellos: he dejado el tabaco y los cigarrillos electrónicos, he demostrado a mis hijos que con empeño, esfuerzo y decisión se pueden conseguir muchas cosas y he podido ser un mejor modelo para ellos, he conseguido un estado de forma que me permite disfrutar mucho la bicicleta en estos momentos y me siento muy bien tanto física como psíquicamente, he conocido a mucha gente en este proceso y he podido promover mi proyecto profesional... Para mí también era importante tener la oportunidad de decidir abandonar esta aventura y la competición, y quitarme una espinita que tenía clavada cuando me sentí obligado a dejar el ciclismo debido al grave accidente de tráfico que tuve en el año 1992.

Dejo una puerta abierta al ciclismo adaptado porque dependiendo de cómo me vaya a nivel profesional durante los meses siguientes podré valorar si quiero y puedo volver a los ruedos. De momento me voy a conformar de buena gana con seguir disfrutando estos meses de la bicicleta asistiendo a varias pruebas cicloturistas, entre ellas la Bedelalsa (Béjar) y la Indurain (Navarra) con mi hermano Antonio Sánchez, y saliendo con amigos y disfrutando de buenas rutas.

Gracias a mi mujer Felicia, por estar conmigo y aguantarme durante todo este tiempo. ¡Te quiero!

Por todo ello y a todos ... ¡Hasta la vista! 

Ledesma (Salamanca)
Ledesma (Salamanca)