La bofetada pedagógica: aportaciones relacionales.

Nº 4 Revista Problemas de conducta

Autor: Alberto Sánchez García

Hace algunos años, en el comienzo del curso académico del año 2015 y después de las navidades, realicé una interesante conferencia ante el personal de una escuela pública sueca. La conferencia trataba sobre el manejo de conductas problemáticas y el contacto de baja afectividad. Un concepto muy especial que intenté desarrollar fue lo que en Suecia se conoce como "förhållningssätt" (traducción aproximada: forma de estar con el otro). En este sentido hay un concepto muy similar que ha estudiado el psicólogo americano Daniel Stern (1985, 1995) ("esquemas de ser con") y que hace referencia a los esquemas mentales que aprendemos como consecuencia de los tipos de interacciones que tenemos. Este concepto nos pone en contacto con la idea de que tenemos una forma, implícita y aprendida, de estar con el otro, que influye en la calidad y cualidad de nuestras relaciones.

Para llevar a cabo la conferencia había preparado un pequeño experimento al principio. Había preparado un video que era un pequeño resumen o trailer de la película "El milagro de Ann Sullivan" (The Miracle Worker, 1962), de Arthun Penn. Les presenté un video de unos ocho minutos donde se aprecia muy bien el hilo y el desenlace de la película. La película trata sobre una niña que gracias a una enfermedad que sufre en sus primeros años de vida pierde la vista y el oido. La niña se convierte entonces en una niña sin límites y medio salvaje. Practicamente no puede comunicarse con sus padres y ambiente hasta que aparece la institutriz, o pedagoga, como quiera llamarse, que contratan los padres y con la que Helen Keller, que así se llamaba la niña, consigue al final y tras un duro proceso aceptar normas sociales y a comunicarse. Esta niña salvaje se convertirá más tarde en una reconocida activista, académica y autora de numerosos libros y ensayos.

Cuando terminé de exponer este video a los pedagogos les planteé algunas preguntas. La primera fué, ¿qué fue aquello o qué factor, ayudó a Helen a cambiar, a crecer y a desarrollarse? La segunda fue, ¿en qué decenio fue escrito este texto por un profesor? El texto era el siguiente:

... otra cosa muy importante: los modales se imponen, no pueden discutirse o razonarse, porque los modales son la premisa necesaria que hace posible el diálogo. Si uno necesita dar una bofetada para poder enseñar modales, pues adelante! Una bofetada en el momento oportuno no traumatiza a nadie y puede salvar una vida. Como la de Helen...

A la segunda pregunta, sobre cuándo fue escrito este texto, la mayoría de los profesores contestaron que sobre los años cincuenta y sesenta. Más tarde les comenté que este texto estaba escrito en España, en el año 2006 por un reconocido pedagogo español. Se quedaron boquiabiertos al pensar que se pensara todavía así en España, dado que en Suecia, está prohibido por ley el pegar a los niños. También les expliqué el porqué había empezado con esta cuestión,... y es la siguiente.

Hace ya unos años me puse en contacto con un escritor y sociólogo que trabaja en una universidad madrileña y que se preocupa por analizar y reflexionar sobre el sistema educativo. Yo le preguntaba el porqué teníamos el sistema educativo que teníamos teniendo en cuenta que parece que hay muchos investigadores educativos, escritores, pedagogos, psicopedagogos, psicólogos, sociólogos, profesores y diferentes expertos, que piensan que el tradicional sistema educativo está obsoleto, en cuento a que no garantiza el que a los jóvenes se les está preparando para los desafíos futuros. Además, tampoco garantiza el que eduquemos a la ciudadanía en democracia y para que sea capaz de solventar los problemas y desafios que la sociedad del futuro nos plantea (guerras, hambrunas, sostenibilidad medioambiental, paro, desigualdad, violencia, nuevas tecnologías, enfermedades psiquiátricas, sexualidad y relaciones, Sociedad de la Información y la Comunicación...).

Este sociólogo me comentó que las cosas no eran lo que parecían y que todavía existía dentro del mundo académico, una cierta resistencia a abandonar determinados valores y costumbres tradicionales. Me comentó que la evidencia estaba en el cierto reconocimiento que había obtenido el ensayo y libro titulado "El panfleto antipedagógico", del profesor Ricardo Moreno del año 2006 . Rápidamente me puse a leer este libro y no tardé en quedarme perplejo de todo lo que leía. Me impactó lo que tenía que ver con la disciplina, los modales, incluso una cierta defensa de los castigos físicos, como la bofetada. Personalmente no he necesitado de ninguna bofetada para educar o mostrarle los límites a mis hijos, ni tampoco para enseñarles a respetar a los demás, aunque a mí me hayan aplicado el método de la bofetada, correaza, tirón de patilla o cosas del estilo. Pienso que si alguien considera que tiene derecho para pegar a un niño, del mismo modo, tiene que asumir que esa bofetada la puede recibir de su propio jefe o de cualquier otra persona que pueda tener la misma legitimidad, simplemente porque esa persona considera que se la merece, o como el mismo profesor Ricardo contempla: "porque los modales son la premisa necesaria que hace posible el diálogo".

Según el profesor Ricardo, y a colación con la pregunta que les hize a los profesores suecos, el motivo por el cual Anne Sullivan ayuda a Helen Keller, a crecer, a desarrollarse y a aprender es ni más ni menos que la bofetada, o mejor dicho las bofetadas que Anne Sullivan le da a Helen Keller. De empatía, de relación, de conexión hablará muy poco nuestro profesor. Si no recuerdo mal no aparece la palabra empatía ni una sola vez en todo el ensayo. ¿De verdad que este es el tipo de actitud compartida que prevalece todavía en España? Lo que sí es verdad es que a menudo, cuando hablo con diferentes tipos de personas españolas, suelo escuchar cosas del estilo,... bueno, una bofetada alguna vez, en este tipo de circunstancia, con este tipo de edad... O como colgaba un amigo mio en Facebook hace poco (con todo mi cariño):

Mi madre me había tirado la zapatilla, y mi padre me había dado algún que otro cachete. A consecuencia de eso desarrolle un trauma infantil que se conoce como "respeto a los demás"

¿De verdad que pensamos que este tipo de actitud no tiene ningún tipo de consecuencia, por ejemplo, con la violencia de género? Personalmente pienso que cada tortazo que demos es un fracaso, aunque no por ello debamos de sentirnos culpables de por vida, sino que debiéramos de aprender.

Me pregunto si el profesor Ricardo vio la siguiente situación en la película de "El milagro de Anne Sullivan". Cuando Helen se encuentra con Anne la primera vez, inspecciona minuciosamente su mano, la coge suavemente y la huele. Sigue su reconocimiento tocándole el brazo, la ropa, sube hasta la cara, se la palpa muy emocionada hasta que da con las gafas de Anne. Le coge las gafas y se las quita casi violentamente del frenesí que le supone el descubrimiento de la persona que tiene ante ella. Pareciera como si no hubiera conocido a otras personas. Sigue palpando, excitada e interesada, ensimismada en la experiencia. Inspecciona el sombrero de Anne. Entretanto Anne simplemente está dejándose reconocer y de alguna manera se deja utilizar como un objeto. Después de un momento y sin inmiscuirse en la exploración que está realizando Helen, Anne se decide intentar tocar a Helen. No obstante cuando alarga sus brazos hacia la cara de Helen esta se retrae y se echa para atrás. Helen se queda como si no supiera reaccionar ante ese acercamiento y Anne sencillamente espera a que Helen se pronuncie ante esa pequeña ruptura en el encuentro. Después Helen parece no querer seguir con ese reconocimiento de la persona de Anne y se dirige hacia la maleta de la misma, la coge y se la pone encima de sus piernas. Empieza a toquetearla y Anne le coge la mano y se la levanta, como intentando decirla que esa maleta es mía, marcándola de alguna manera los límites y utilizando un lenguaje que Anne puede reconocer. Helen quiere rebelarse pero encuentra algo curioso en ese tipo de comunicación que la hace sentirse conectada con lo que está pasando en ese preciso instante en su interacción con Anne. Anne le coge la mano a Helen y se la pone en la cara mientras afirma con su cabeza de forma exagerada. Realmente Helen no es consciente de lo que está pasando, como cuenta en su autobiografía, pero parece sentir que hay una cierta sintonía afectiva con Anne .

Seguidamente se dirigen a una habitación. Allí Helen le coge las gafas y el sombrero a Anne y se lo pone ella. Como si estuviera jugando a ser ella. Anne le muestra la maleta y le deja tocar lo que hay en el interior hasta que Helen encuentra una muñeca. Anne la observa muy atentamente como intentando descubrir qué es lo que puede estar pasando en el mundo de Helen. Esta muñeca tiene unos ojos muy notorios y Helen está muy dichosa de tenerla. En este momento Helen se siente lo suficientemente segura como para dejarse tocar por Anne. Ya existe un vínculo importante. Anne intenta mostrarla cómo se dice muñeca con los dedos, y como comenta también Helen en su autobiografía, desde el principio "le interesó mucho ese juego con los dedos y de inmediato intentó imitarlo, aunque realmente no comprendiera que estaba deletreando una palabra". De esta manera aprendió a deletrear inadvertidamente muchas palabras de una forma implícita.

Vistas así las cosas podemos decir que adjudicar a la disciplina, a la autoridad y a la "bofetada", las transformaciones que tienen lugar en Helen no es más que una abstracción subjetiva que no se sostiene ni con hechos ni con análisis profundos del Milagro de Anne Sullivan. En el caso de Anne Sullivan vemos desde el principio a una educadora con un pasado turbulento y oscuro como consecuencia, entre otras cosas, de la trágica muerte y separación de su hermano. En Anne hay una dosis de culpa, de agresividad y sobre todo, de unos deseos determinantes por autoafirmarse y por ayudar a Helen como forma de salvar a aquel hermano que ella creyó haber dejado atrás. Una forma de expiar su culpa y de recuperar un antiguo vínculo perdido y deseado. Vemos también viejas experiencias de falta de sintonía afectiva que Anne casi traumáticamente revive en sus sueños y que codeterminan y dificultan en algunos momentos su relación con Anne. No obstante estas experiencias y conflictos son utilizados de una forma positiva. Así pues vemos una conexión entre Anne y Helen que más que salvar a Helen supone una salvación también para Anne, y porqué no decirlo, para toda una familia entera que había vivido en cierto sentido desconectada y dividida.

No es la autoridad, ni la disciplina ni la bofetada que Anne suelta a Helen lo que ayuda a esta última, sino que ésta sale beneficiada del espacio que co-determinan todos los componentes de la familia y Anne Sullivan. Sin el empeño y el amor de la madre de Helen nunca hubiera sido posible un cambio (por mucho que ella hubiera mimado a su hija), ni tampoco sin la decisión y autodeterminación de Anne por ayudar a Helen. Anne crea un vínculo importantísimo con Helen que será fundamental para que Anne pueda entrar en el mundo de Helen. Además, si uno repasa la autobiografía de Helen se dará cuenta de que Helen habla de amor, de curiosidad ... "quedé atrapada en los brazos de quien había llegado para revelarme todas las cosas y, sobretodo, para amarme".

¿Que son importante los límites? por supuesto, pero estos pueden co-determinarse y la autoridad siempre debe de justificarse bajo la base de responsabilidad de cuidado y de solidaridad que tenemos ante el otro. La responsabilidad de proporcionar a nuestros jóvenes protección, crianza, seguridad, colaboración y condiciones para que crezcan de forma óptima, tanto en lo cognitivo, como en lo social y emocional. Por otro lado suele ser más efectivo el establecimiento de una buena estructura cotidiana, reglas comprensibles y la adaptación de exigencias.

El profesor Ricardo, como así mismo un gran número de políticos, profesores u otras personas implicadas en la educación, critican a las corrientes pedagógicas que intentan exigir al estudiante según su capacidad. Nos dicen que olvidamos que ese mismo estudiante se enfrentará a una sociedad que le valorará por los resultados. De nuevo y para argumentar sus reflexiones utiliza el profesor Ricardo el ejemplo de un fontanero que no realiza bien su trabajo y al que lógicamente se le exigiría, más que sus buenas intenciones, el que acabara bien su trabajo. Yo también exigiría de un cirujano que me va a salvar la vida operándome el corazón buenos conocimientos de medicina y que se actualice, pero lo que no puedo hacer es argumentar que para que ese cirujano haga bien su trabajo le tenga que exigir, cuando tiene 6 o 14 años, el cantarme todos los autores renacentistas italianos o aprender aburridas fórmulas matemáticas argumentando que en el futuro tendrá que hacer bien su trabajo y responsabilizarse sobre él. Personalmente le pido a ese cirujano que cuando se decida a serlo se aplique en su trabajo y en sus estudios para poder desempeñar adecuadamente su trabajo, como así se mantenga informado de los nuevos avances y métodos más efectivos. Anteriormente, cuando ese cirujano es un niño o un adolescente, más que pedirle o exigirle, lo que le ofrecería sería, entre otras cosas, colaboración, comprensión, reflexión, dedicación, respeto, y no de forma unidireccional, sino de forma bidireccional y mutua. Le ofrecería un ambiente, facilitador, en donde pueda formarse como persona, donde también hay exigencias, atendería a sus intereses, necesidades, capacidades, problemas y dificultades dentro de un mundo compartido y eminentemente social. No considero una condición necesaria el que tenga que haber tragado anteriormente a profesores dogmáticos y asignaturas obligadas para que ese cirujano haga bien su trabajo.

El profesor Moreno también señala que "si exigimos a cada uno según sus posibilidades, cada uno permanecerá dentro de sus limitaciones". Por supuesto que cada uno tiene sus limitaciones y posibilidades, y por supuesto que muchas veces es difícil saber donde están esas posibilidades y limitaciones. Véase por el ejemplo el concepto de Vygotski sobre la "zona de desarrollo óptima". Cuando a uno se le exige según sus posibilidades no significa inapelablemente que se descarten todo el conjunto de posibilidades con las que una persona cuenta en un momento dado. El que le diga a mi hijo de siete años que puede ser muy difícil para él cambiar la rueda del coche no quiere decir que vaya a permanecer limitado para otras cosas, incluso que no pueda cambiar la rueda, ya sea en ese momento o en otro. El adaptarse a las posibilidades y limitaciones de una persona es un proceso codeterminado y está en constante proceso de cambio, esa es la fuente desde la que se nutre el aprendizaje.