Reflexiones sobre los castigos

Nº 5 Revista Problemas de conducta

Autor: Alberto Sánchez García


¿Quién ha dicho que los castigos sean efectivos? ¿Acaso no existen estrategias más civilizadas, pedagógicas y moralmente más válidas que inviten a reflexionar y a colaborar, en lugar de a la culpa o a la vergüenza? ¿Nos planteamos cuando castigamos que quizás fuimos nosotros los que hicimos algo mal y somos nosotros los que debemos de tomar la responsabilidad cambiando unas estrategias erróneas? ¿Nos deberían de castigar a nosotros los adultos cuando hacemos algo mal, en el trabajo, o en la escuela de la misma manera que hacemos con los niños y adolescentes? 

No es la primera vez que llegan nuestros hijos a casa y nos cuentan que les han castigado en el colegio, a toda la clase, y en todas las ocasiones nosotros hemos considerado que se ha cometido un error. Decir que tanto yo como mi mujer tenemos muchos años de experiencia en Suecia en el trabajo en las escuelas, y quizás este contraste de culturas nos haga percibir más manifiestamente esta diferencia en la utilización del castigo como método para el cambio de conductas.

Hace unas semanas nos contó nuestro hijo que un docente les había castigado, a toda la clase, por hablar durante la lección. El castigo consistió esta vez en prohibirles la asistencia a una maratón en beneficio de la lucha contra el cáncer. Añadir que tanto yo como mi mujer hicimos una pequeña donación a dicha iniciativa benéfica.

Desde mi punto de vista, como profesional, tengo que decir que los profesores deberían de repensarse más lo que pueden hacer para que, en casos parecidos como en el de arriba, no vuelva a ocurrir de nuevo la conducta problema. Quizás los alumnos estaban entonces muy cansados, venían alborotados del recreo, a muchos les resultaba incomprensible la lección, etc. Es decir, que existen una serie de factores que pueden influir en cómo los alumnos se comportan y es muy posible que estos hagan lo que resulta más comprensible para ellos en esa situación. Para cambiar la situación es muy posible que haya que cambiar las condiciones en las que se desarrolla la conducta problema, el castigo puede ser lo más fácil pero no nos asegura de que la conducta problema no vuelva a ocurrir de nuevo. Además, si el castigo se desarrolla en un contexto muy parecido al de arriba los alumnos van a pensar que el docente es un idiota, ¿y quién quiere seguir o aprender de un idiota? Seguro que más de un alumno se vio reforzado con este castigo si no se deseaba correr dicha maratón.

Quizás a más de uno se le ocurra pensar ahora que tanto padres como alumnos tenemos que respetar a los profesores, pero ese respeto tiene que ser recíproco para que ese respeto sea tal, además, el respeto:

[...] no significa temor y sumisa reverencia; denota, de acuerdo con la raíz de la palabra (respicere = mirar), la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única. Recogido de El arte de amar, de Erich Fromm(1959).

Si vemos al alumno, veremos las causas de su conducta y podremos tomar la responsabilidad e influir en la situación, si no, un profesor solo sentirá frustración al delegar la responsabilidad de la conducta del alumno en el propio alumno (o en los padres, el director, los políticos...) y sentir desesperanza en su propia capacidad de influencia. Porque no nos engañemos, cuando asignamos un castigo lo que hacemos al mismo tiempo es delegar la responsabilidad de la conducta en el alumno y nosotros simplemente nos deshacemos de la responsabilidad de lo que ocurre. Si no funciona, será que los alumnos no han aprendido o el castigo no fue lo suficientemente contundente.

En torno a las consecuencias de la conducta se ha escrito mucho y parece que la mayoría de investigadores están de acuerdo en que lo importante es lo que se percibe por el alumno, dado que se espera un cambio de conducta en este. Un resultado interesante es que la conducta problema de los alumnos aumenta si el mismo percibe una reprimenda o una consecuencia condenatoria como un castigo. Otros resultados tienen que ver con:

  • Si el castigo se percibe como injusto, por ejemplo, como cuando se castiga a toda una clase por algo que hicieron unos pocos, entonces la alianza pedagógica, uno de los factores más importante en la enseñanza y el aprendizaje de los alumnos, se resiente.
  • La motivación también se ve afectada y disminuye.
  • El castigo aumenta la conducta que se castiga a largo plazo. En este sentido existen numerosos estudios referidos al uso del castigo y la delincuencia.
  • Otro resultado que señala Bo Hejlskov (2014) es que un castigo puede legitimar y mantener los problemas de conducta.

Ni decir tiene que muchos alumnos no entienden la relación entre causa y consecuencia, sobre todo en contextos complejos. Sigamos con otro ejemplo:

Nuestro otro hijo vino otro día con un castigo que tenía que ver con la misma causa, los alumnos habían hablado en clase y todos ellos recibieron como castigo escribir tropecientos veces "no se debe de hablar en clase..." o algo parecido. En este caso tengo que decir que vino de un profesor que es muy querido por sus alumnos y desde mi - humilde- punto de vista, un buen profesor. Preocupado, empático, innovador... Pero otra vez más, creemos, se cometió otro error. ¿Por qué no revisar las condiciones en las que se produce la conducta problema? ¿Qué vemos? ¿Qué podemos hacer? ¿O delegamos la responsabilidad en los alumnos, en este caso niños pequeños, y les castigamos si no están a la altura de nuestras expectativas? ¿Acaso no hicieron lo más comprensible en esa situación? ¿Existen herramientas y estrategias más constructivas y efectivas? Yo entiendo que hasta cierto punto esto tiene que ver con la cultura, es lo que hicieron con nosotros y es lo que hacemos nosotros, pero, una reflexión: "Las consecuencias que la mayoría de nosotros recuerda y que pensamos que nos ayudaron no son aquellas que experimentamos como castigos (Bo Hejlskov, 2014)".

Existe mucha investigación y literatura, muy interesante, en torno al castigo y a su utilización. ¿Por qué castigamos? ¿Por qué unos castigan más que otros? ¿Qué bases epistemológicas existen en torno al castigo? ¿Qué mecanismos neurobiológicos existen en torno al castigo? Según algunos estudios castigan más las personas que tienen determinadas zonas del cerebro que se activan más y reciben más recompensas por ello. ¿Deben aplicarse entonces los castigos en base a la satisfacción que recibimos por ello?

Como escribe Bo Hejskov, "La cuestión no es si un alumno puede decir o hacer lo que él o ella quiere, sino más bien, cómo vas a hacer tú para que el alumno no lo vaya a hacer de nuevo". Pero este es otro tema...